En algún instante te preguntas
cuando fue que terminó todo y entonces, te das cuenta de que simplemente
ocurrió y no lo percibiste, el tiempo pasó y no le interesó advertirte, los
días se fueron y dejaron solo el olor al ayer porque se llevaron con ellos la
sonrisa que solíamos tener. Cada segundo marcó su tic tac al mismo tiempo que
nuestros corazones atenuaban su palpitar.
Mi cabeza me ordena avanzar,
continuar, seguir mi camino, pero mi corazón aún no está listo, todavía se
sujeta con fuerza a las horas del pasado, cree que si permanece allí, “él”
volverá a rescatarlo, cree que es solo cuestión de esperar, aún cree que las
promesas del pasado pueden cumplirse. Mi cerebro mientras tanto, se mofa de su
ingenuidad, intenta explicárselo pero el corazón se niega, no entiende de
razones, surge entonces una guerra. “Ya lo sé” dice el cerebro y propone una
tregua: “No te pediré más que lo olvides pero sigamos avanzando para que ya no
te lastime”. El corazón ahora se da cuenta que es lo correcto, intenta seguir a
su consejero pero está atrapado, está encadenado, no puede caminar con todos
los recuerdos allí atados. El pasado pesa…y pesa demasiado.