lunes, 3 de diciembre de 2012

La verdadera cara de los asilos


Siempre pensé que los asilos en todo el mundo eran como los que veía en las películas: mujeres bien arregladas, conversando o tejiendo y varones bien vestidos concentrados en algún juego de mesa o viendo algún deporte en el televisor. Cuando tuve la oportunidad de conocer uno, sentí lástima de mi torpe ingenuidad y después de algunas lágrimas, tomé valor para enfrentar la realidad.
A estas personas no las visitan a diario, ni les brindan los mejores cuidados, tampoco se llevan bien entre ellos porque sencillamente ya no confían en nadie, ya que los seres que ellos mismos engendraron los han ABANDONADO.
Algunos no logran llevarse el tenedor a la boca, otros con menos dicha aún, no pueden masticar sus alimentos por los escasos y débiles dientes que les quedan, muchos gritan en tono de queja sin saber explicar sus dolencias, la mayoría suplica que los ayudes a ir al baño, algunos pocos se animan a bailar contigo; resistiendo menos de un minuto porque hace tres días tuvieron su segunda operación, los más sociables te cuentan de sus penas coincidiendo en que ya quieren morirse para alejarse del dolor y la soledad y de paso de la “loca” que grita todo el día (y casi toda la noche), sin darse cuenta de que ella es solo una más del grupo pero corrió peor suerte, pues al mismo tiempo que su familia la dejó, la esquizofrenia llegó a acompañarla.
No sé cuánto tiempo más resistan ellos esa vida, tampoco cuanta paciencia más tengan sus cuidadoras (me di cuenta de que ya les queda muy, muy poca) pero sé que logramos disipar su angustia al menos por un día, aunque al caer la noche y su amarga oscuridad, llegue el momento de partir y luego de unas manos arrugadas que te sujetan fuerte y una petición de “por favor quédate” que no puede ser concedida, debes tomar el doble de valor que tomaste al inicio y cruzar la puerta de salida con ese nudo en la garganta que provoca el terrible remordimiento de dejar en ellos la sensación de haber sido NUEVAMENTE ABANDONADOS…

miércoles, 21 de noviembre de 2012

El pasado pesa


En algún instante te preguntas cuando fue que terminó todo y entonces, te das cuenta de que simplemente ocurrió y no lo percibiste, el tiempo pasó y no le interesó advertirte, los días se fueron y dejaron solo el olor al ayer porque se llevaron con ellos la sonrisa que solíamos tener. Cada segundo marcó su tic tac al mismo tiempo que nuestros corazones atenuaban su palpitar.
Mi cabeza me ordena avanzar, continuar, seguir mi camino, pero mi corazón aún no está listo, todavía se sujeta con fuerza a las horas del pasado, cree que si permanece allí, “él” volverá a rescatarlo, cree que es solo cuestión de esperar, aún cree que las promesas del pasado pueden cumplirse. Mi cerebro mientras tanto, se mofa de su ingenuidad, intenta explicárselo pero el corazón se niega, no entiende de razones, surge entonces una guerra. “Ya lo sé” dice el cerebro y propone una tregua: “No te pediré más que lo olvides pero sigamos avanzando para que ya no te lastime”. El corazón ahora se da cuenta que es lo correcto, intenta seguir a su consejero pero está atrapado, está encadenado, no puede caminar con todos los recuerdos allí atados. El pasado pesa…y pesa demasiado.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Todos tenemos una máquina del tiempo


“Todos tenemos una máquina del tiempo”, esta es una frase de una de las películas de mi actor favorito y sí, es cierto, todo tenemos una, es más, tenemos dos. A la que nos lleva al pasado, la llamamos “Recuerdos” y la que nos transporta al futuro, lleva por nombre “Sueños”.
¿Quién no las ha utilizado alguna vez?

Últimamente, yo utilizo mucho la primera y me transporto a mi entrañable niñez, cuando con mi vestido amarillo jugaba con mis muñecas, inventando historias perfectas, tal vez con la esperanza de que lo que en juegos recreaba, algún día a mí me pasara, tal vez inconscientemente pedía a gritos ser esa princesa a la que todo el mundo amaba, tal vez solo quería vivir en un cuento de hadas y nunca imaginé que la vida real escondía tan malas jugadas, nunca imaginé que una a una iría perdiendo cada batalla, nunca imaginé que dolería tanto cada lágrima…Pero estoy allí ahora, sentada en el patio, jugando y riendo, esperando a que mi mamá me alcance la limonada que por favor le pedí y ella, sonriendo, se fue a preparar, estoy vistiendo a mis muñecas, yo les hablo y mi otro yo contesta, yo las visto y mi otro yo dice que están bellas, yo observo el rosal y mi otro yo siente su aroma; y entonces mi mamá regresa a cuidar mis fantasías, yo sonrío porque allí la tengo, yo sonrío porque de su mano vuelo, yo sonrío porque yo soy “su muñeca”. Intento sumergirme aún más en ese instante, pero se me escapa una lágrima y cuando abro los ojos estoy nuevamente en el presente, había olvidado que este tipo de máquinas funcionan tan solo unos segundos.
El objetivo es evadir el presente y al menos hoy, evitar la sensación de soledad a pesar de estar rodeada de gente, el objetivo es llorar pero que ya no sea de tristeza, el objetivo es poder sonreír sin tener la necesidad de volver a fingir.

Así que intentaré de nuevo, probaré ahora con la segunda máquina, ojalá esta me lleve más lejos y por mucho, mucho más tiempo.

domingo, 21 de octubre de 2012

Ya no quiero escribir


Unos van, otros vienen; unos se aceleran y otros se detienen, mientras yo permanezco aquí, sentada en esta banca, muriendo de calor porque los rayos del sol están quemando, pero a la vez congelada por este nudo en la garganta que me está ahogando.
Levanto la mirada y todo lo que había en el parque, todas las personas que por aquí pasaban se ven ahora como difuminadas, sus risas resuenan en mis oídos, no quiero escucharlas, todo me parece que son solo ruidos, me atormento, busco calma, no la encuentro, me desespero y siento que enloquezco, pero de pronto aparece ante mí el horizonte, observo entonces el mar y después el cielo, luego el mar y el cielo juntos, en ese infinito allá a los lejos donde imaginariamente se juntan. Es perfecto, encuentro entonces la calma que pedía, la paz que requería para intentar hacer poesía, cojo el lapicero, pero aún no puedo, el nudo sigue aquí y ahora me aprieta también el pecho. Busco calma nuevamente, pienso en ti, sí, sí, está funcionando, lo sé porque sonrío, tus ojos me miran y sin palabras me dices todo lo que quería, tus manos están tibias y tiernamente me acarician, mi sonrisa se hace eterna, tu perfume se me impregna y ya no quiero escribir, solo quiero pensar en ti, porque tus labios ya se acercan…

miércoles, 26 de septiembre de 2012

“No son embarazos no deseados, sino bendiciones inesperadas”

Conozco a mujeres que han abortado, conozco a algunas otras que dicen que lo harían y conozco también a algunas que jamás se atreverían. ¿En qué grupo te incluirías tú?
Navegando por las redes sociales encontré el otro día esta frase: “No son embarazos no deseados, sino bendiciones inesperadas”. Inmediatamente después de terminar de leerla me pregunté ¿Qué pasaría si más mujeres pensaran así? Y de pronto brotaban más ideas de mi cabeza; no solo más mujeres, sino más novios, más padres, más amigos, TODA LA SOCIEDAD. ¿Te has preguntado por qué hoy en día los abortos no resultan muy escabrosos para muchas personas, especialmente para quien los comete? Pues es simple, porque resulta más escabroso aún, pensar en un dedo acusador, en un dedo que te señale, un dedo que con gran rapidez se multiplique y se convierta en toda una multitud criticando a una adolescente, que si bien es cierto no supo llevar a cabo un plan de vida, tiene ahora que cargar no solo con el temor de todo lo que representa esta situación, sino también con todos esos comentarios que a los oídos van llegando y más y más se van acumulando. Comentarios que no implican otra  cosa más que críticas destructivas, incomprensión, decepción y hasta humillación.
Casi la totalidad de las veces quien tiene que cargar con todo esto en mayor intensidad, es la mujer, por el simple hecho de que, como coloquialmente se diría, “ella lleva la barriga”. Pero si esta mujer, o mejor dicho, esta adolescente forzada a convertirse en mujer, sintiera más apoyo no solo de su pareja sino también de su familia, sus amigos y de todo aquel que la rodea, podría quizá sacar a flote las fuerzas que ya cree perdidas, esas fuerzas que nacen y no sabes de donde, pero se multiplican y te regalan la esperanza para seguir con la vela encendida, para no rendirte y darle el “SÍ” a la vida.
Tal vez es una decisión muy difícil, tal vez soy incapaz de comprenderlo, pero si de algo estoy segura es de que si ese bebe que está dentro de ti pudiese hablarte, te diría que te ama y que te amará por siempre, que te cuidará cuando lo necesites, que hará de tus días los más felices, que te llamará "mamá" y aunque ahora no lo creas se convertirá esa en la palabra más bella…solo te pide a cambio que le des la vida, que le permitas formar su cuerpito allí adentro, solo nueve mesecitos, no te dará muchas molestias, quizá algunos dolores y uno pocos mareos pero luego de eso te recompensará la vida entera.
Si no has pasado por esto y no quieres hacerlo, simplemente PROTÉGETE, ama bien, amate a ti, ama la vida. Hoy en día hay muchas maneras de hacerlo, se trata tan solo de precaución y responsabilidad. No pienses que es algo que a ti no te puede pasar porque recuerda que no hay nada más fuerte en el mundo que un momento de debilidad.