Las gotas de lluvia componían la melodía que completaba el
escenario de esa noche fría, ella estaba allí, sentada, pensando en algo para escribir,
pero en lo único que pensaba tenía que ver con todo aquello que sucedió durante
esos días, con ese beso que no sabía que sería el último, con esa sonrisa que
no sabía que sería efímera, con esa magia que no sabía que se esfumaría, con
ese amor que creyó que no se desvanecería…nuevamente.
Ella intentaba escribir algo alegre, pero los recuerdos la
invadían, ella creyó que esas pequeñas heridas ya no sangrarían pero descubrió
que aún no eran tan pequeñas como presumía esos días en los que se sentía llena
de adrenalina y su escudo protector funcionaba perfectamente. Ella no se había
dado cuenta de que su escudo no era de hierro; era solo un frágil hielo, así que el calor
de su alegría ya estaba derritiéndolo, estaba haciéndolo cada vez menos grueso
y menos útil, ya no era una gran barrera, ya no conseguía vivir como en esos
días de primavera.
Ella quería olvidar todo eso y escribir algo perfecto, pero
comenzó a pensar en ese sentido irónico con el que el amor juega con la vida,
en ese sentido ilógico con el que llegó el invierno pero se derritió todo el
hielo, en esa absurda fantasía de regresar atrás unos 675 días…
Ella quiso encontrar algún tema para redactar, pero ya no
pudo más, sus párpados pesados le anunciaban que querían llorar, entonces dejó
el lapicero azul, ese con el que algún día dibujo su nombre en la mano de aquel
personaje que hoy solo está presente cuando ella cierra los ojos y lo busca
entre su mente, y allí lo encuentra, ocupando esos rincones que aun con su
presencia, siguen estando vacíos…
