Pienso que no son normales las personas a las que no les
gusta la Navidad. Es decir, ¡Rayos! ¿A quién no le encanta ver a las personas
más cordiales, más amables, más risueñas y hasta más felices de lo que
usualmente son?
La Navidad no dura solo un día, es una gran celebración que
se extiende durante todo un mes, y me atrevería a decir que incluso un poco
más. Cuando ya faltan pocas semanas, todo empieza a vestirse de rojo y verde o
de la combinación de colores con la que las personas prefieran decorar, no solo
sus casas, sus oficinas, salones, autos, sino también sus vidas. Es grandioso
porque hasta el más Grinch, en algún momento, se anima a colaborar con la
festividad sea de la forma que sea, muchas veces sin siquiera darse cuenta, y
es que nadie puede serle ajeno a la felicidad disfrazada de lucecitas oscilantes
y canciones tan preciosas.
El 25 de diciembre puede tener millones de significados,
pero hasta el que se queja por el consumismo sabe que es la ocasión perfecta
para unir a la familia, para ayudar al que lo necesita y para sentir que el
corazón se ensancha con cada abrazo con sabor a “Feliz Navidad”.


