Unos van, otros vienen; unos se
aceleran y otros se detienen, mientras yo permanezco aquí, sentada en esta
banca, muriendo de calor porque los rayos del sol están quemando, pero a la vez
congelada por este nudo en la garganta que me está ahogando.
Levanto la mirada y todo lo que
había en el parque, todas las personas que por aquí pasaban se ven ahora como
difuminadas, sus risas resuenan en mis oídos, no quiero escucharlas, todo me
parece que son solo ruidos, me atormento, busco calma, no la encuentro, me desespero
y siento que enloquezco, pero de pronto aparece ante mí el horizonte, observo
entonces el mar y después el cielo, luego el mar y el cielo juntos, en ese
infinito allá a los lejos donde imaginariamente se juntan. Es perfecto,
encuentro entonces la calma que pedía, la paz que requería para intentar hacer
poesía, cojo el lapicero, pero aún no puedo, el nudo sigue aquí y ahora me
aprieta también el pecho. Busco calma nuevamente, pienso en ti, sí, sí, está
funcionando, lo sé porque sonrío, tus ojos me miran y sin palabras me dices
todo lo que quería, tus manos están tibias y tiernamente me acarician, mi
sonrisa se hace eterna, tu perfume se me impregna y ya no quiero escribir, solo
quiero pensar en ti, porque tus labios ya se acercan…
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